La Revolución debe profundizar ante afloro de la corrupción

Por: Pedro Estacio / 

El tiempo para profundizar la revolución bolivariana es precisamente el de hoy, cuando la corrupción aflora con una fuerza que la visibiliza mucho más que antes y su diversificación se muestra con mucha magnitud. Simón Rodríguez al referirse a la falta de educación social, decía que de la falta de esta, llegaban los desaciertos, los cuales, por sus consecuencias solemos llamar disculpas, delitos, crímenes o atentados. Ahora bien, como sea que los denominara, en algo estaba claro y es que debemos insistir en la educación de la sociedad y dentro de ese importante proceso, el educar debe conducirnos a profundizar en lo que hacemos y, en este caso, se trata de educar en y para la revolución bolivariana, lo cual abarca muchas áreas.Y una de esas áreas tiene que ver con los que contratan con el Estado. Quienes buscan contratar con el Estado deben presentar su currículum vitae como contratista, donde pueda mostrar su hoja de vida como sujeto de una valiosa experiencia, de haber hecho muchas obras públicas, de valor y con calidad y de paso, deberá presentar garantía que avale la contratación que acaba de firmar.

No podemos seguir con el modelo de la cuarta república, donde los avales venían a través de la tarjetica que enviaba el compadre al que estaba en el gobierno para que contratara al portador de la misma; o alguien enviado por el hermano, el tío y pare de contar y por lo general, sin experiencia alguna.

Lo anterior ha estado sucediendo a nivel nacional desde hace muchos años, pero hasta ahora no hay quien lo detenga. Es más, un contrato debe tener como característica principal un seguro de garantía, de obligatorio cumplimiento y de reparación del daño causado si es que la obra sale mal. Esto es aplicable a la reparación de aceras, calles, alcantarillado y toda clase de servicio que se haga a beneficio de la sociedad y hasta debe contemplar cárcel para quien perjudique el patrimonio de la nación.

Y como se trata de un asunto delicado, en el cual podrían caer desde directores hasta el mayor cargo en cualquier nivel de la administración pública, se requiere un cuerpo policial de alta jerarquía, una especie de oficina de asuntos internos, que estará con el ojo pelao con todos los efectivos policiales encargados de hacer cumplir las leyes y entre ellas, las normas de contratación del Estado.

Este es un asunto que debe ser llevado a todos los niveles de la administración pública, para que pueda ser evitado cualquier daño que se le haga a los bienes de la república. Todo el mundo sabe cómo son los cuentos de las contrataciones, que si las propuestas vienen en sobre cerrado y aún antes de que lleguen los sobres de quienes participan en cualquier concurso, ya se sabe quienes son los ganadores. Nadie puede negarlo ni salir a decir que eso es mentira, que nunca ha ocurrido. Si quieren saber más como es la movida en la corrupción, pues envíenle un cuestionario al presidente de Odebrech en Brasil, quien por cierto tiene casa por cárcel. Él sabe de todo lo que he escrito en estas líneas, porque esa ha sido especialidad de la compañía que dirigió.

Sobre el autor

Yezair Silva

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